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miércoles, 6 de noviembre de 2013

METEOROLOGÍA ESPACIAL EN LA AVIACIÓN - COMO AFECTA LA RADIACIÓN CÓSMICA Y DEL SOL



Un grupo de entusiastas estudiantes de Ciencias de la Escuela intermedia y secundaria de Obispo, CA,  centralizados en su página de Facebook  Earth to Sky Calculus, han estado lanzando globos  meteorológicos a la estratósfera en preparación  al lanzamiento de un satélite a fines del presente año.
Todo comenzó en el invierno del 2011, cuando mediante una simple idea de que el estudio del cielo que rodea a la Tierra tiene un significado histórico, se empecinaron, aparte de buscar las estrellas,  en investigar el borde de la estratosfera  de la Tierra.
Procedieron a enviar globos meteorológicos a la estratosfera y comprobar los eventuales beneficios de estas pruebas, fue así como el  27 de octubre pasado, lanzaron un  par de sensores de radiación hasta la tropopausa mediante un globo de helio, zona que se conoce como el “Máximo de Pfotzer”. En realidad no sabían que podían esperar de su experimento.

El Máximo de Pfotzer,  es una capa de la radiación existente a unos 20 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, característica conocida pero mal entendida de la atmósfera terrestre. Los datos obtenidos, confirmaron que los instrumentos enviados, habían funcionado bien.
Esto les permitió desarrollar un gráfico, mostrando un completo perfil de la radiación ionizante existente entre los 2,7 y 27  kilómetros de altura sobre la superficie de la Tierra; el sensor contó los rayos X y los rayos Gamma en el rango de energía entre los 10,0 KeV a 20,0 MeV, produciéndose un máximo en los niveles de radiación en la tropopausa, que es el Máximo de Pfotzer.
La tropopausa es la zona de transición entre la troposfera y la estratósfera, que marca el límite superior de la troposfera, sobre la cual se mantiene una temperatura constante antes de comenzar nuevamente a aumentar sobre los 20 Km/snm. Esta situación térmica evita la convección del aire y confina de esta manera, el clima de la troposfera.

Cuando los rayos cósmicos chocan en la atmósfera terrestre, producen una lluvia de partículas secundarias. Con el aumento de la profundidad en la atmósfera, el componente de la radiación cósmica primaria disminuye, mientras que aumenta la componente de la radiación secundaria. Esta compleja situación, da lugar a un máximo de la tasa de dosis a una altitud de ~ 20 km el llamado “Máximo de Pfotzer”, debido que fue el físico George Pfotzer que descubrió esta cima en 1930 mediante globos y tubos de Geiger.

El cuadro que abre la entrada, muestra los resultados obtenidos por los sensores del globo. Los estudiantes nuevamente están listos para lanzar sus sensores, quieren aprovechar una tormenta de radiación de los primeros días del presente mes de noviembre, debido a la posibilidad de que la actividad solar siga siendo alta. Si  alguna de las manchas del Sol entra en erupción, planean  que sus sensores visiten nuevamente el Máximo de Pfotzer para saber como reacciona.

Todo esta experiencia de los jóvenes estudiantes, ha puesto nuevamente en el tapete el tema de cómo el Clima Espacial tiene efecto en la aviación.
Un reciente informe de la NASA, considera al igual que a los astronautas, los viajeros aéreos ordinarios pueden estar expuestos a significativas dosis de radiación, cuando el Sol está activo. Los datos recogidos por los sensores  a bordo de globos, permiten verificar y mejorar los modelos de investigación de cómo  se filtra la radiación de través de la atmósfera terrestre.
Esto hace preocuparse de que cuando se sube a un avión el piloto, debido a su trabajo continuo navegando naves aéreas, probablemente absorbe más radiación que un trabajador en una planta de energía nuclear. A las alturas que llega un avión por encima de la superficie terrestre, es demasiado poco el ambiente que existe para protegerlos de esta radiación, haciendo posible que absorban importantes dosis de rayos cósmicos y de radiación solar. Por ejemplo: Durante un vuelo polar típico entre Chicago y Beijing, un piloto está expuesto al equivalente de 2 rayos X aplicados en su pecho; que multiplicados en el trascurso de una carrera, le puede causar problemas tales como el aumentos en el riesgo de adquirir un cáncer y posiblemente cataratas a edad más temprana. Un viajero frecuente, que totalice unos 160.000 kilómetros [100.000 millas] recibe el equivalente a unas 20 radiografías de tórax, independiente de la latitud de los vuelos.
Los que estamos a nivel del suelo, también absorbemos radiación; los rayos cósmicos y sus derivados son tan poderosos que pueden llegar hasta el fondo de la superficie de la Tierra. Una persona al nivel del mar, recibe el equivalente a una radiografía de tórax aproximadamente cada 10 días; en cambio, en un avión, las tasas de dosis aumentan 10 veces o más. La exposición depende de factores que van desde la altitud y la latitud de la trayectoria de vuelo [las rutas polares son las más irradiadas], en especial, durante la actividad solar.

Ante una tormenta solar, los niveles de radiación pueden aumentar en unas cien veces.
 Para ayudar a las compañías aéreas de pasajeros y al personal de salvaguardia de la NASA, está desarrollando una herramienta experimental que permitirá predecir la exposición en tiempo real. 
Chris Mertens un científico investigador del Centro de Investigación Langley de la NASA, es el investigador principal del sistema, llamado NAIRAS [“Nowcast of Atmospheric Ionizing Radiation for Aviation Safety” = “Predicción Inmediata Atmosférica de la Radiación Ionizante para la Seguridad Aeronáutica”, en español], él señala que el número de vuelos sobre los polos se ha disparado en los último años; por cuanto, las aerolíneas prefieren las rutas polares para sus viajes internacionales, por ser más cortos y de vientos más reducidos, permitiendo un apreciable ahorro de combustible, que les significa una economía de miles de dólares por vuelo.

La predicción inmediata de la radiación ionizante atmosférica para el modelo de Seguridad Aérea (NAIRAS) es un modelo operativo prototipo actualmente en desarrollo en el Centro de Investigación Langley de la NASA. El modelo de nairas proporciona en tiempo real las predicciones globales, basadas en datos de exposición a la radiación ionizante atmosférica, que permite evaluar los niveles de radiación biológicamente dañinas a altitudes de líneas aéreas comerciales. Las fuentes de radiación ionizante son los rayos cósmicos galácticos (GCR) y eventos de partículas solares energéticas (SEP) que pueden acompañar a las perturbaciones en la superficie del sol. La composición y los espectros de energía de la radiación ionizante atmosférica se originan en y están sujetas, a la variabilidad en los fenómenos meteorológicos espaciales. Por lo tanto, el modelo que nairas ofrece  es una herramienta de apoyo a la decisión relativa de los impactos de radiación en la tripulación y los pasajeros de los aviones de largo alcance, un área de prioridad nacional para el Programa de Ciencia Aplicada de la NASA. Lamentablemente,  los polos de la Tierra es donde puede ser más grave el problema de radiación; debido el campo magnético de nuestro planeta, los rayos cósmicos y las partículas energéticas solares están incrementados en las mismas latitudes que utilizan las líneas aéreas en sus vuelos transnacionales.
En un día típico, cuando el Sol está tranquilo, las tasas de dosis que afectan los vuelos internacionales que atraviesan los polos, son de 3 a 5 veces mayor que los vuelos con rutas cercanas al ecuador.
NAIRAS puede ayudar en este mismo momento, a los controladores de vuelo que quieran conocer la situación de los polos, por cuanto es un mapa global en línea de las tasas de dosis de radiación para las diferentes trayectorias de vuelo y sus altitudes. Los mapas se producen casi en tiempo real, mediante una computadora en Langley, la cual combina los códigos físicos de vanguardia, con las mediciones en tiempo real de los rayos cósmicos y la actividad solar. La capacidad de volar sobre los polos, le significa a las compañías aéreas un ahorro por concepto de combustible de aproximadamente  entre treinta y cinco mil a cuarenta mil dólares por vuelo;  cambiar de rumbo para evitar una tormenta de radiación polar les puede costar unos cien mil dólares. Es por esta razón que una herramienta como NAIRAS, puede ayudar a las aerolíneas a tomar un correcta decisión.
Chris Martens le da gran importancia al factor humano, él comenta: “En 2004 fui a un taller sobre el clima espacial y la aviación; un piloto de American Airlines se levantó para dirigirse a la audiencia: ‘Miren, dijo, estamos clasificados como trabajadores de la radiación, que son los más expuestos que cualquier otro grupo, sin embargo, sabemos que somos el más pequeño de todos los grupos’.  Ese fue un punto de inflexión para mí. Yo quería hacer algo para ayudar a los pilotos a entender mejor; y así nació NAIRAS”.
Martens y sus colegas pronto publicarán un artículo en la Revista Clima Espacial, en la cual compararán predicciones de NAIRAS y las reales mediciones de radiación a bordo de los aviones; “Los resultados son alentadores, pero aún tenemos trabajo que hacer” dice.

Es interesante como un trabajo de investigación de jóvenes estudiantes, se une con una investigación científica de mayor envergadura, ante una situación de los viajeros y quienes trabajan piloteando  aviones  que no saben como las radiaciones del universo – rayos cósmicos y actividad del Sol -  pueden afectar su salud.

Fuente: Space Weather / NASA / NAIRAS
Piloto José Torregosa García : Radiación y vuelos